viernes, 3 de febrero de 2017

¡Vosotros sois la luz del mundo y la sal de la tierra.!



Jesús, me llamas a ser la sal y la luz para los demás, 

esto implica que mi testimonio de vida, palabras y acciones

deben ser un reflejo de tu amor, de tu misericordia infinita.


 Ayúdame, Señor, a guiarme en todo por el Espíritu Santo,

 para que Él sea quien edifique, en mí, al auténtico

 testigo de tu amor.

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